Cuidar tu piel no tiene que significar diez productos ni media hora frente al espejo. Empieza con tres pasos básicos: limpiar, hidratar y proteger del sol. Los tratamientos específicos son opcionales y dependen de tus necesidades. Empieza por ahí y, con el tiempo, ve ajustándola a lo que tu piel te pida.
Limpiar
Es la base de todo. Durante el día la piel acumula grasa, sudor, polvo, protector solar y, si lo usas, maquillaje. Un limpiador suave, pensado para tu tipo de piel, y un poco de agua tibia bastan para dejarla lista para lo que sigue. Si quieres saber más, te lo contamos en por qué la limpieza facial es tan importante.
Tratar, si lo necesitas
Aquí entran los productos con un objetivo concreto, como un sérum para hidratar o dar luminosidad, o un tónico si te gusta esa sensación de frescura. Si recién empiezas, puedes saltarte este paso sin culpa y sumarlo más adelante, de a un producto por vez.
Hidratar
Todas las pieles necesitan hidratación, incluso las grasas. Una buena crema o loción ayuda a que la piel se sienta cómoda y protegida. El secreto está en la textura: más ligera si tu piel es grasa o mixta, más nutritiva si es seca. Te ayudamos a elegirla en cómo elegir una crema según tu tipo de piel.
Proteger
Por la mañana, termina con un protector solar de amplio espectro, resistente al agua y con FPS 30 o superior. Al aire libre, vuelve a aplicarlo aproximadamente cada dos horas y después de nadar o sudar, siguiendo las instrucciones del envase. Complementa la protección con sombra y ropa adecuada.
Tu rutina de mañana y de noche
Por la mañana: una limpieza suave (si tu piel es seca o sensible, a veces basta con agua), tu sérum si usas uno, la crema hidratante y el protector solar.
Por la noche: limpieza, sobre todo si usaste maquillaje o protector resistente al agua, luego tu tratamiento y por último la hidratante.
Para empezar con buen pie
Introduce un producto nuevo por vez para observar cómo lo toleras. Antes de aplicarlo en todo el rostro, pruébalo en una zona pequeña del brazo durante siete a diez días; respeta las instrucciones de uso y de enjuague del envase. El orden y la frecuencia también dependen de la fórmula: no todos los tratamientos se aplican de la misma manera.
Si tienes acné que no mejora, rojeces, irritación frecuente o estás embarazada, lo mejor es que consultes con un dermatólogo antes de incorporar productos con activos como retinol o ácidos.


